En las estéticas modernas, mejor dicho, contemporáneas, encontramos continuamente resabios de romanticismo, llevado al extremo.
Se observa claramente en la idea del genio, aquel demiurgo capaz de desentrañar el sentido de lo real, llevando a lo ojos del espectador una realidad comprendida solo por él, desentrañando el sentido de las cosas, llevando la verdad debajo del brazo. Te lleva como a un niño de la mano al mundo real, el mundo de las representaciones. No existe otro mundo, el mundo de la “imagen del mundo”. El camino de la estética como mediación.
Es que la influencia del pensamiento kantiano no ha desaparecido, más aún que la del “fin del arte” propugnada por Hegel. Las vanguardias, siguiendo el contexto histórico de fin y principios de siglo, desentrañaron el problema del fin de la historia y por consiguiente, el fin del arte, no tanto como cierre o destrucción histórica, sino más bien como epígono, como culminación del arte en la modernidad, planteando una contestación al problema que dejó Hegel.
El posmodernismo plantea un sinnúmero de interrogantes que el romanticismo desentraña en su devenir. Volvemos al mismo punto, neo-romanticismo, como desarrollo último del postmodernismo. Paradoja de los finales, una paradoja de la paradoja. Antes bien ¿Podríamos llamar a esta época neo- modernismo?
La modernidad es estética, que es decir lo mismo; es un tiempo diverso y en ese mundo está sumida la complejidad de lo posmoderno. Las visiones del mundo surgen de esa estética que como tal (está en sus venas) es diversa. Es pura representación. ¿El mundo será representación? ¿Es capaz de construirse a si mismo de manera tal que lo podamos desentrañar? Solo se descubre lo que está cubierto, necesito de la mediación que nos permita acceder a sus formas. Romanticismo. O podríamos llamarla modernidad. ¿Y la posmodernidad? Donde está la ruptura, la escisión que nos permitiría distinguir la diferencia. Al decir de Odo Marquard: “¿Qué viene después de la posmodernidad? La modernidad”. Debemos reconocer que estamos frente al “saber de la precariedad, y nuevamente aparece Kant. Solo contamos con una rapsodia de conocimientos que cimentan la unidad técnico – empírica, conocimientos no científicos dispuestos según las intenciones de los hombres, guiados por un ideal de la Razón, oculto en nosotros.
Veamos un poco la formación de las ideas románticas.
El desarrollo de las ideas kantianas propone dos clases de mediaciones: el Derecho y la Estética. El derecho es una guía externa, manifestación de nuestra legislación interna. El problema es que esta coincidencia exista, de ahí la primacía de la Ética sobre el Derecho. La solución del conflicto está relacionado con el uso público o privado de la razón, aporías que revelan la ruptura en dos tipos de "hombre" y dos tipos de "mundo".
La mediación estética se plantea entre las esferas de la naturaleza y de la libertad (Crítica del Juicio). El entendimiento legisla en el campo de la naturaleza, la razón en el de la libertad. Los dos legisladores no se interfirieren pero el problema es que tampoco forman parte de una unidad en el sujeto. Ninguno de los dos logra llegar al conocimiento y es por eso que los “campos ilimitados”, como los llama Kant, deben ser llenados con las Ideas que solo tendrán un valor práctico. La búsqueda de la unidad lleva, en el romanticismo a una sensibilización (aisthesis) que se traduce en el proyecto de una nueva mitología que intenta la unidad de la naturaleza y el espíritu, como postulado de la razón práctica. Este pensamiento lleva a producir el problema de que el entendimiento, al no poder aportar unidad a los conocimientos, a las leyes empíricas, es decir que debemos suponer un entendimiento superior que realice esta unidad, por consiguiente sin Dios no hay experiencia ni esperanza. La idea de un Dios que nos permita el conocimiento, mediando entre las producciones de la razón y el entendimiento, es capital ya que desarrollará el pensamiento estético, tanto teórico, como en el arte, de manera capital. La crítica a esta paradoja esta formulada por Feuerbach en sus Principios de una filosofía del futuro, diciendo que en Kant se presenta la gran paradoja de que lo que es verdadero (fenómeno) no es real (noumeno), y lo que es real no es verdadero. Un ficcionalismo estético en Kant. Pensemos en el arte como ambigüedad, finalmente estamos frente al mismo planteo.
Volviendo al problema del conocimiento y de la necesidad de mediación de un principio general para poder llegar a lo universal, se llega a la conclusión de que debe haber (metodológicamente hablando) una adecuación entre las facultades de conocer y lo cognoscible, postulado que forma parte del optimismo moderno, basado en ua creencia creacionista.
“Lo que hay de subjetivo en el conocimiento no es la validez lógica, sino la cualidad estética” (Molinuelo, p. 128)
Marcelo Zanardo
Etiquetas: estética, filosofía
Compartir
Bueno, son mis apreciaciones nomás , me gustó muchísimo la frase de Molinuelo tanto como realizar la lectura de tu artículo.
Cariños.